lunes, 12 de octubre de 2015

El orgullo de ser comerciante

Cuando hablamos de comercio debemos reflexionar sobre su origen y para ello debemos remontarnos a los orígenes de la agricultura a fines del Neolítico. Es el comercio el que genera el trueque, la introducción de la moneda y la aparición de la banca en el siglo XII, y por extensión, el desarrollo de las teorías y los instrumentos financieros.

Las teorías económicas como el mercantilismo, el colonialismo y el capitalismo son sistemas de compra y venta de productos y servicios en los que el comercio tiene un protagonismo fundamental.

El comerciante es un personaje fundamental en cualquier economía territorial.

Es en el comercio en el que se manifiestan las necesidades reales del ciudadano común, que muchas veces no sabe lo que necesita y que resuelve acudiendo a un comerciante. Muchas veces el trabajo del comerciante no es reconocido y suele ser hasta menospreciado.

¡Mucha gente piensa que vender es muy fácil!

El comerciante trabaja silenciosamente cambiando las costumbres del territorio, ordenando la economía de este territorio, formando parte del sistema que mantiene vivo al territorio. Cuando un comerciante instala un nuevo producto, marca, servicio o concepto en un territorio, genera un gran cambio en la economía, cambia hábitos y costumbres, desarrolla la creatividad de sus habitantes, y su figura se acrecienta como agente de cambio y progreso.

Los habitantes de una ciudad, de un barrio, de una provincia dependen grandemente de la actividad silenciosa de los comerciantes que se instalan en las áreas urbanas y suburbanas. Los productos y servicios no llegarían jamás a los consumidores si no existiese este eslabón. El comerciante de cualquier distrito es un personaje fundamental en la economía del mismo y en el desarrollo de la comunidad, y es quien en definitiva, le da vida al territorio.

¡El franquiciado debe sentirse orgulloso de ser comerciante!


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