viernes, 3 de marzo de 2017

La diferencia entre franquicia y oportunidad de negocios




Cuando uno trabaja en forma independiente, hay que considerar que existe una gran diferencia entre lo que comúnmente se conoce como un "entrepreneur" y un "cuentapropista". No hay ningún juicio de valor en lo que digo, ya que por suerte, uno es libre de elegir su destino y ser feliz. Pero para ser precisos y profesionales cuando nos referimos a la independencia financiera, estamos obligados a hacer una diferenciación entre ambos conceptos.

Un entrepreneur quiere cambiar el mundo. Quiere dejar una marca en la tierra. Tiene un gran compromiso con lo que puede aportar a su entorno, y esto desarrolla en él una visión de largo plazo. Quiere contribuir al desarrollo de su comunidad y hacer algo que "agregue" a su medio ambiente, a su ámbito social, a su familia, a su destino. Su criterio es el estructural, que considera que sus clientes perciben a lo que el vende como un "paquete compacto", constituido por el producto, el packaging, la atención, la ambientación de un local, la estrategia de comunicación, en síntesis, lo que se llama una marca. Gracias a un entrepreneur, la economía tiene posibilidades de crear valor agregado. Hay entrepreneurs que quieren hacer grandes empresas y otros que quieren crecer en forma limitada, pero unos u otros siempre quieren crecer y sentir que sus trabajos aportan algo a la historia.

Un cuentapropista por su parte está más enfocado a la subsistencia económica. Su criterio es el microeconómico, el de precio por cantidad. Trabaja como si fuera un empleado de sí mismo para contar con cierto dinero a fin de mes. Termina siendo su propio empleado, aunque sea muy feliz con esto. Su visión es de corto plazo, mensual, siente que "hay que trabajar", pero no quiere emplearse en una empresa y por eso se dedica a la suya, por más pequeña que ella sea. El cuentapropista quiere hacer todas las cosas de su negocio, porque nadie las hace mejor que él, y solamente delega aquellas actividades que no necesitan una gran capacidad decisoria en colaboradores que no tiene ni el más mínimo poder de decisión y que terminan abandonando el barco en busca de un futuro mejor. Mira más su negocio que su entorno y no le interesa mucho lo que pasa a fuera hasta que es muy tarde...

Ahora bien. Se observan en el mercado ofertas de supuestas franquicias que en realidad son meras oportunidades de negocios, y que nada tienen que ver con el espíritu del franchising.

Repito una vez más que no quiero hacer juicios de valor y que supongo que todas las ofertas son de buena fe y orientadas a que quien las compra pueda desarrollar un negocio, es decir, trabajar y ganar dinero legalmente. Pero no se puede llamar franquicia a algo que no lo es.

Una franquicia es un proyecto conjunto de construcción de marca entre un franquiciante y varios franquiciados. El concepto subyacente es el de trabajar relacionados por un contrato durante muchos años para lograr el objetivo, que repito, es el de construir una marca de la que se sienta el orgullo de pertenecer, y a la que de placer consumir. Por supuesto que en el proceso hay que ganar plata, pero eso se da por descontado. Me resulta gracioso ver a veces los argumentos de venta de una franquicia, "la más rentable", "fácil manejo", "negocio seguro". Un entrepreneur verdadero sabe que estas cosas no son ciertas.

Las franquicias son para los entrepreneurs.

En cambio, cuando uno vende una serie de máquinas para fabricar algún producto, digamos sandwiches, pizzas, fumigaciones, cubanitos, tintorerías, en realidad lo que está vendiendo es una oportunidad de negocios. Esto por supuesto que no está mal. Lo que está mal es decir que eso es una franquicia, cuando en realidad es una oportunidad de negocios, un mecanismo para que alguien se autoemplee. Si además observamos con horror que algunos de esos sistemas no cobran royalties ni Initial Fees, estamos en el borde del engaño, y eso si que es malo. Porque el fundamento de un sistema de franquicias es el cobro de un royalty por el uso de una marca en un período y en un territorio determinados. Cuando algo que se dice que es una franquicia no cobra royalties, estamos a un paso de pensar que lo que le interesa al que lo vende es simplemente vender las máquinas o los productos, y no desarrollar un concepto y una marca en el mediano plazo. Y sobran ejemplos en la Argentina de caídas, en algunos casos, calamitosas.

Las oportunidades de negocios son para los cuentapropistas. 

Este estilo de vida no concibe el hecho de involucrarse a largo plazo en la construcción de un sistema, de una marca y de un aporte a la economía regional, y en realidad, lo que busca, es trabajar en forma independiente en algo que fue diseñado por otros y por lo que está dispuesto a invertir. 

Una franquicia es mucho más que eso. Al franquiciado le va la vida en esto. Además de ser independiente, va a aportar un valor agregado a su comunidad y va a crear riqueza y empleos capacitados, y para eso, no solo deberá comprar máquinas, sino comprometerse de común acuerdo con un franquiciante en la construcción de una marca y un proyecto a largo plazo que beneficie notablemente al territorio en el que se encuentra. El criterio estructuralista es muy superior al criterio microeconómico en el que solo cuenta cuanta plata queda a fin de mes. 

Una buena forma de ser profesional en esta industria es ser transparente, honesto y llamar a las cosas por su nombre. Así se evitan grandes dolores de cabeza.






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